• 14:12
  • Jueves, 14 de Diciembre de 2017
Opinión

Victor

Fran J. Lestón

Erase una vez una comarca con un índice de paro demasiado elevado. Erase una vez un lugar con un absentismo escolar abrumador. Una comarca clave para la entrada de todo tipo de mercancías, entre ellas las consideradas ilegales. Una comarca que contaba con unos efectivos insuficientes para hacer frente al orden. La típica persecución del gato y el ratón era una constante en la comarca. El coyote y el correcaminos, en un juego que deja de ser juego cuando las ostias que se lleva el coyote no hacen gracia y duelen de verdad. ¿Os suena de algo?

Erase una vez un Campo donde también había hombres buenos; hombres con ideales y moral, de esos que solo saben entregarse a la tarea que realizan de la única manera en la que uno puede entregarse para ser válido, se entregaban del todo. Y lo hacían a pesar de ser conocedores de que la suya era la lucha de David contra Goliat. Era una lucha en la que el resultado sería siempre el mismo, nulo o insignificante. Estos hombres buenos se enfundaban su armadura a diario y emprendían el camino que les llevaría a donde se encuentra el dragón, para intentar vencerlo, o al menos frenarlo en su avance. ¿Os suena de algo?

Hombres buenos contra hombres que no han sabido, o no han querido, encontrar otra salida para hacer fortuna, más que dedicarse al extraperlo, al contrabando. Y los hombres buenos son hombres de ley y al servicio de un Estado que no es capaz de protegerlos, o al menos facilitarles lo necesario para que ellos se protejan entre compañeros. ¿Os suena de algo?

Lo vemos en la tele en las series de moda, y todos queremos ser el guapo que surca el Estrecho en su impecable moto de agua, sorteando peligros y escapando de la poli. Y viéndolo quizás no estemos haciendo otra cosa más que fomentar esa manera de vivir, porque resulta guai dedicarse a eso y vivir como ellos y hacer todo lo que hacen ellos. Porque ellos se llevan a las guapas y tienen coches buenos y van a fiestas y están buenos.

Victor era un hombre bueno, de los que se ponen la armadura y frenan al dragón. Se enfrentaba a diario en su trabajo a peligros, intentando realizar su tarea de la mejor forma posible. Lo hacia quizás sin pararse a pensar todo lo que se exponía y ponía en riesgo. Para él valía la pena hacerlo, porque era lo que él quería hacer. Trataba que el mundo de otros fuese mejor, sin detenerse a ser consciente que lo que ponía en juego era su vida.