Ruiz Miguel a hombros saliendo por la puerta grande
Ruiz Miguel a hombros saliendo por la puerta grande

TOROS

Francisco Ruiz Miguel cumple 50 años de alternativa con una trayectoria difícilmente superable

Francisco Ruiz Miguel cumple 50 años de alternativa con una trayectoria difícilmente superable

Todo empieza cuando en la década de los 60, el joven Ruiz Miguel, a raíz de una apuesta por unos gallos de pelea se tira de espontáneo en la desaparecida plaza de toros de Cádiz

Hoy se celebra un cumpleaños especial, y es que el maestro nacido en la Isla y residente en Algeciras desde hace más de 30 años, Francisco Ruiz Miguel, cumple 50 años de alternativa, y si algo hace que esta efeméride sea más especial si cabe, es que a día de hoy, no hay torero que haya sido capaz de superar su casi temeraria y meritoria trayectoria.

Todo empieza cuando en la década de los 60, el joven Ruiz Miguel, a raíz de una apuesta por unos gallos de pelea se tira de espontáneo en la desaparecida plaza de toros de Cádiz en el novillo que lidiaba Paquirri. Poco después debuta en Chiclana, el verano del 66, apodado precisamente “El Espontáneo” y tras una carrera casi meteórica como novillero con picadores sumando un buen número de novilladas y triunfos llegó el primero de los objetivos, tomar la alternativa.

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Y ocurrió el 27 de abril de 1.969 en la plaza de toros de Barcelona, coso en el que ya venía con ambiente de novillero. De hecho, la alternativa estaba prevista fechas antes, actuando como padrino y testigo Paco Camino y Diego Puerta respectivamente, con toros de Juan Pedro Domecq, pero las inclemencias meteorológicas obligaron a la suspensión del festejo según nos cuenta el propio Ruiz Miguel. En esa previsión, aquel 27 de abril habría sido su segundo festejo como matador de toros. Finalmente, su padrino fue José Fuentes, y el testigo Miguel Márquez con ganado de Pinto Barreiros. Ruiz Miguel cortó una oreja al toro de la alternativa, Panadero de nombre. Aquella tarde también actuó como novillero, ante dos astados de Hoyo de la Gitana, Dámaso González.

Entre las anécdotas que hay de aquella fecha, están los 30 autobuses que, llenos de vecinos de san Fernando, partieron hacia Barcelona para apoyar a su torero. Curioso fue que compraron cupones en el viaje y fueron muchos los agraciados en aquel sorteo. Precisamente Ruiz Miguel no jugó ningún número, pero la suerte (y el destino) le tenía preparada una trayectoria intachable.

No fue fácil el camino, y aunque sumó muchas actuaciones no fue hasta el 25 de abril del 71 cuando, sustituyendo a Limeño en Sevilla, obtiene su primer gran triunfo, su primera gran gesta, que además, le empieza a encasillar en esa senda de ganaderías duras. Cortó el que hasta ahora es el último rabo concedido en la Maestranza a un toro de Miura, coincidiendo que era el primer toro de esta ganadería al que se medía, de las 100 corridas que llegó a lidiar de la ganadería sevillana. Tenía que asumir que su papel en el toreo pasaba por anunciarse con estas ganaderías y fue el 31 de mayo del 73 en Las Ventas (Madrid) cuando tras una faena épica a un toro de Villagodio (la corrida fue de Miura) al que si no lo pincha le corta las orejas, se convenció que éste era el camino que debía seguir.

Igual le ocurrió con los toros de Victorino, toreó su primera corrida de este hierro en la localidad francesa de Vic-Fezensac, el 18 de mayo de 1970, y a su primero le cortó un rabo. A partir de aquí, arranca un idilio por todos conocidos entre Ruiz Miguel y Victorino que le llevan a unir sus nombres en 86 ocasiones (dato obtenido de la web del ganadero). Ni qué decir tiene las puertas que éste triunfo le abrió en Francia, solamente en Vic-Fezensac suma alrededor de una treintena de actuaciones, hasta el punto de contar con un monumento junto al coso de la citada localidad, del cual tiene una réplica el maestro en su finca “El Algarrobo”.

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Los triunfos del torero no restan dureza a su camino, pero sí ponen en valor el tremendo esfuerzo que tarde hacía Ruiz Miguel por triunfar. Torero de singular valor, y cabeza fría que le valían para mantenerse en la cara de los toros hasta exprimir la condición de cada uno. Un torero para el que cada temporada era una nueva batalla, y cada contrato había que ganarlo cada tarde. Por ello Madrid fue sumamente importante para él, coso del que salió hasta en 10 ocasiones a hombros, siendo la primera en 1973 y la última en su despedida en 1989 en la que desorejó al toro de Victorino en su encerrona. Destacar que de las 10, 6 fueron con toros de Victorino, destacando la tarde del 29 de mayo de 1980, en la que cortó 3 orejas, la del 1 de junio de 1982, denominada Corrida del Siglo, o la de 1986, en la que se encerró ante 6 toros de Victorino. Él se entregó a Madrid, y Madrid se le entregó a él.

Torero querido, con un valor sobreañadido, en ferias como la Aste Nagusia de Bilbao o los San Fermines de Pamplona. En esta última plaza hizo el paseíllo en 34 ocasiones. Pero los números, números son, y quedan para la estadística que, en el caso de este torero y en el toreo en general, pasan a un segundo plano porque por delante va el respeto que se ganó de todas las aficiones. Su pundonor, sus esfuerzos constantes, sus faenas que más podrían llamarse batallas ante toros imposibles, sus cornadas, sus sudores en alrededor de 1.500 festejos, sus triunfos,… ahí han quedado para dejar constancia de qué clase de torero es Francisco Ruiz Miguel. Su despedida definitiva de los ruedos tuvo lugar en su tierra natal, San Fernando, el 18 de julio de 2015 compartiendo cartel con Padilla y David Galván; una tarde cargada de emociones que tuve la suerte de compartir. Por tanto entregado sobre el albero de todas las plazas, por una vida dedicada al toreo, y por tanto como ha sabido enseñar, enhorabuena maestro.

Dentro de escasas fechas, también celebraremos el 50 aniversario de la Plaza de toros de Las Palomas, coso en el que Ruiz Miguel ha sido, probablemente después de Miguelín, uno de los toreros que más haya toreado. 

Francisco Ruiz Miguel cumple 50 años de alternativa con una trayectoria difícilmente superable