Rey y el moderador, Jose Manuel Laza, en un recinto lleno
Rey y el moderador, Jose Manuel Laza, en un recinto lleno

XXXIII JORNADAS DE TAUROMAQUIA “CIUDAD DE ALGECIRAS”

Roca Rey levanta expectación y llena el Edifico La Escuela

Roca Rey levanta expectación y llena el Edifico La Escuela

A plaza llena, el torero habla de cuánto ha supuesto para él el mundo del toro

No dejo de convencerme de que la mejor forma de aprender es escuchar, lo afirmé ayer, y lo mantengo. Aprender en positivo, caso de estas Jornadas, además de otras muchas circunstancias, la mayoría, y aprender en negativo, lo que no nos debemos aplicar y que también abunda en exceso a día de hoy. Segunda tertulia de las Jornadas Taurinas que durante esta semana se están celebrando en el patio del Edificio La Escuela, que también hay que decir que se queda pequeño para albergar a los aficionados asistentes que hoy incluso han ocupado toda “la grada”, la barandilla del piso superior que bordea el patio.

Roca Rey durante su participación en las Jornadas de Tauromaquia

Andrés Roca Rey fue el protagonista invitado, que acudió a la cita tras tentar unas eralas en la ganadería vecina de La Palmosilla. Torero peruano que, como ya comentábamos ayer sobre Ginés Marín, a pesar de su juventud, ha logrado ya infinidad de objetivos en su profesión y que actualmente habla “de tú a tú” con las figuras en todas las ferias. El periodista José Manuel Laza fue el encargado de moderar esta tertulia.

Arrancaba el peruano recordando parte de su infancia y de cómo llamó su atención la magia del toreo, el simbólico aseo, limpieza, pulcritud con que llegaba el torero reluciente a la plaza y como tras la corrida, volvía “sucio” al hotel….  “entre esos puntos debe ocurrir algo muy grande” rememoraba el diestro. Hasta tal punto que en el jardín de su casa imitaba ese juego de reluciente limpieza y suciedad encharcando el césped, jugando con un capote y una muleta viejos. Llamativo resultó el contraste de las dos fotos que se exhibieron, una siendo un niño, junto al Juli, torero al que admira, y otra, ambos saliendo a hombros vestidos de luces. Al gran público se le llegan a escapar demasiados detalles que no deberían pasar tan desapercibidos, y pasan por el sentimiento.

Uno de los hechos más llamativos de éste torero, ocurre cuando con apenas 13 años de edad se viene sólo con José Antonio Campuzano a España a aprender el oficio. Campuzano es de los que no falla, no falló con Castella, y no ha fallado con Roca Rey, hace toreros. La tertulia ha girado en torno a sus triunfos en Madrid, donde ya como novillero salía a hombros y como matador de alternativa volvió a repetir. Centra su profesión en el hecho de manifestar el sentimiento que le llena como torero expresándolo ante el toro. Tuvo un guiño hacia los antis, o al menos el sector activista de estos, con una afirmación “dicen querer y defender al toro bravo, pero no he visto a ninguno que tenga una ganadería”.

Ha tenido tiempo para hablar de Algeciras, su gastronomía y sobre las imágenes, todo un clásico, de la película El Relicario en las que Miguelín torea un novillo en la playa del Rinconcillo. Atendió las preguntas del público asistente que, siguiendo la línea del día anterior, parece estar despertando curiosidades entre los jóvenes. La cultura y el conocimiento se aprenden viviéndolo. Al finalizar el acto, el alcalde José Ignacio Landaluce, recién llegado de Madrid, colocó la insignia de la ciudad al diestro.

En la tercera sesión de estas Jornadas Taurinas, a partir de las 20’30 horas, contaremos con la presencia del crítico taurino Juan Belmonte como pregonero de la Feria Real Taurina de Algeciras.

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