La declaración de los testigos abre el juicio contra el asesino confeso de Diego Valencia
07 de octubre de 2025 (08:56 h.)
Uno de los testigos del ataque mortal con machete a Diego Valencia, sacristán de la iglesia de Nuestra Señora de La Palma, en Algeciras, el 25 de enero de 2023, ha relatado la fijación que el acusado, Yassine Kanjaa, mostró en todo momento por su víctima y ha descrito que su presencia "era como un espectro" por su silencio y la chilaba oscura que vestía.
El juicio a Kanjaa, que se enfrenta a una petición del fiscal de 50 años de cárcel, ha comenzado este lunes en la Audiencia Nacional con las declaraciones de testigos presenciales de los ataques de los que se le acusa: el del sacristán, al que asesinó tras perseguirle desde la iglesia hasta la plaza Alta de Algeciras, como al sacerdote Antonio Rodríguez al que dejó herido tras atacarle minutos antes cuando oficiaba misa en otra iglesia, la de San Isidro.
Kanjaa ha comparecido ante el tribunal vestido con unos vaqueros rotos y una sudadera negra con la capucha puesta, y se ha acogido a la previsión legal que permite a los acusados declarar en último lugar una vez practicada toda la prueba en el juicio.
El primero de los testigos en comparecer ha sido el sacerdote de Nuestra Señora de La Palma, que tras celebrar misa se encontraba hablando con dos mujeres en el patio, lugar al que se encaminó Diego Valencia desde la sacristía pidiendo ayuda.
"¡Un tío. Hay un tío!", ha recordado que gritó el sacristán al salir al patio "desencajado" mientras que su atacante, al que tenía al lado, parecía tener "una tranquilidad enorme".
Al ver que le daba "el primer machetazo", el testigo optó por salir corriendo, pero llegó a ver el arma que llevaba y ha recordado que la empuñadura era "de un azul eléctrico".
También ha destacado que el acusado parecía tener una especial fijación con el sacristán porque tuvo la oportunidad "de haber arrasado con todos los que había ahí", con él, las otras dos mujeres, e incluso ha destacado que había niños en catequesis y padres aguardando su salida.
Piensa que debió confundir al sacristán con el sacerdote y cree si hubiese identificado que era él el sacerdote "posiblemente también sería uno de ellos", en alusión a las dos víctimas de los ataques.
Ha explicado que llegó a ver cómo le dio un golpe en la espalda al sacristán con el arma que portaba, momento en el que este exclamó: "¿Qué es eso, qué es lo que estás haciendo?".
"No sé si se pensó que era un palo. Yo creo que no vio la envergadura de lo que le iba a pasar", ha destacado este testigo, que ha resaltado también el "silencio" del atacante y su falta de excitación. "Era como un espectro", ha asegurado.
Una de las mujeres que estaba en ese momento en el patio con el sacerdote ha expuesto por su parte, muy emocionada, que al ver al sacristán salir a pedir ayuda, ella se fue corriendo al lugar de la catequesis para avisar a los niños que no salieran, "que les iban a matar".
Otro de los testigos presenció por su parte el ataque al sacerdote Antonio Rodríguez, al que el atacante fue a buscar al altar, y al que al salir corriendo le persiguió por la iglesia y le propinó un golpe con el machete que le hizo caer al suelo herido, Kanjaa salió entonces del templo y se encaminó hacia la otra iglesia.
El sacerdote falleció meses después del ataque, por lo que se ha leído en el juicio la declaración que prestó en su día ante el juez instructor, al que relató que el acusado, tras abordarle en el altar y perseguirle por un lateral, le propinó un machetazo en la nuca que le hizo caer al suelo, momento en el que su traje eclesiástico se llenó de sangre.
Todos los testigos han destacado la tranquilidad del acusado en los dos ataques y también cuando acabó con la vida del sacristán tras perseguirle hasta la plaza Alta, donde le dio varios machetazos en la cabeza que le causaron la muerte, tras lo que se fue del lugar andando y con el machete en la mano.
"Se fue tan tranquilo, iba como paseando, no corrió ni nada", ha indicado una camarera que vio lo sucedido desde la terraza del bar en el que trabaja. Similar testimonio ha prestado también una vecina de la plaza, que ha señalado que le escuchó decir algo en alto al alejarse pero que no sabía el qué.
Uno de los policías locales que le localizaron poco después en el Mirador del Muro ha recordado que le encontraron de rodillas, rezando y con el machete en el suelo junto a él y que opuso cierta resistencia a la detención.
El acusado, de nacionalidad marroquí, ha sido diagnosticado con un cuadro psicótico de probable filiación esquizofrénica, si bien se considera que la afectación de sus facultades intelectivas y volitivas, aun siendo severa, no era completa.
El juicio seguirá mañana con la declaración de más testigos presenciales, policías y médicos forenses.
Kanjaa ha comparecido ante el tribunal vestido con unos vaqueros rotos y una sudadera negra con la capucha puesta, y se ha acogido a la previsión legal que permite a los acusados declarar en último lugar una vez practicada toda la prueba en el juicio.
El primero de los testigos en comparecer ha sido el sacerdote de Nuestra Señora de La Palma, que tras celebrar misa se encontraba hablando con dos mujeres en el patio, lugar al que se encaminó Diego Valencia desde la sacristía pidiendo ayuda.
"¡Un tío. Hay un tío!", ha recordado que gritó el sacristán al salir al patio "desencajado" mientras que su atacante, al que tenía al lado, parecía tener "una tranquilidad enorme".
Al ver que le daba "el primer machetazo", el testigo optó por salir corriendo, pero llegó a ver el arma que llevaba y ha recordado que la empuñadura era "de un azul eléctrico".
También ha destacado que el acusado parecía tener una especial fijación con el sacristán porque tuvo la oportunidad "de haber arrasado con todos los que había ahí", con él, las otras dos mujeres, e incluso ha destacado que había niños en catequesis y padres aguardando su salida.
Piensa que debió confundir al sacristán con el sacerdote y cree si hubiese identificado que era él el sacerdote "posiblemente también sería uno de ellos", en alusión a las dos víctimas de los ataques.
Ha explicado que llegó a ver cómo le dio un golpe en la espalda al sacristán con el arma que portaba, momento en el que este exclamó: "¿Qué es eso, qué es lo que estás haciendo?".
"No sé si se pensó que era un palo. Yo creo que no vio la envergadura de lo que le iba a pasar", ha destacado este testigo, que ha resaltado también el "silencio" del atacante y su falta de excitación. "Era como un espectro", ha asegurado.
Una de las mujeres que estaba en ese momento en el patio con el sacerdote ha expuesto por su parte, muy emocionada, que al ver al sacristán salir a pedir ayuda, ella se fue corriendo al lugar de la catequesis para avisar a los niños que no salieran, "que les iban a matar".
Otro de los testigos presenció por su parte el ataque al sacerdote Antonio Rodríguez, al que el atacante fue a buscar al altar, y al que al salir corriendo le persiguió por la iglesia y le propinó un golpe con el machete que le hizo caer al suelo herido, Kanjaa salió entonces del templo y se encaminó hacia la otra iglesia.
El sacerdote falleció meses después del ataque, por lo que se ha leído en el juicio la declaración que prestó en su día ante el juez instructor, al que relató que el acusado, tras abordarle en el altar y perseguirle por un lateral, le propinó un machetazo en la nuca que le hizo caer al suelo, momento en el que su traje eclesiástico se llenó de sangre.
Todos los testigos han destacado la tranquilidad del acusado en los dos ataques y también cuando acabó con la vida del sacristán tras perseguirle hasta la plaza Alta, donde le dio varios machetazos en la cabeza que le causaron la muerte, tras lo que se fue del lugar andando y con el machete en la mano.
"Se fue tan tranquilo, iba como paseando, no corrió ni nada", ha indicado una camarera que vio lo sucedido desde la terraza del bar en el que trabaja. Similar testimonio ha prestado también una vecina de la plaza, que ha señalado que le escuchó decir algo en alto al alejarse pero que no sabía el qué.
Uno de los policías locales que le localizaron poco después en el Mirador del Muro ha recordado que le encontraron de rodillas, rezando y con el machete en el suelo junto a él y que opuso cierta resistencia a la detención.
El acusado, de nacionalidad marroquí, ha sido diagnosticado con un cuadro psicótico de probable filiación esquizofrénica, si bien se considera que la afectación de sus facultades intelectivas y volitivas, aun siendo severa, no era completa.
El juicio seguirá mañana con la declaración de más testigos presenciales, policías y médicos forenses.