La estrella de Jesús Marín y el prodigio de sus 'meirins'
Abrió la noche como artista invitada Carmen Vicario. La frescura, voz y guitarra, presidió su breve preludio melódico, que arrancó con 'Faltan horas' y cerró con 'El sur', dos temas propios en los que la sanroqueña presentó sus credenciales de artista elegante, capaz de acercarse y de quebrarse en los sones del pop-rock con un susurro dulce.
Tras ella, hicieron acto de presencia en el escenario los musicazos del esperado concierto. Chico Valdivia al teclado, Andrés Tomás a la batería, Chete Cavas al bajo y Óscar Bergillos a la guitarra extendieron el manto sonoro de 'Dormida en el silencio', un tema convertido ya prácticamente en un himno de este grupo algecireño que acostumbra a abrir con ella sus conciertos. Un tema conocido y contagioso de su primer disco, en el que Jesús Marín, aclamado por el público en su aparición en el escenario, asciende desde la melodía sencilla y cálida hasta el pegadizo estribillo en el que rompe ya, desde el principio, con toda la expresividad de su caudal.
En la misma línea, y tomando poco a poco el pulso de la noche, el cantante de San Isidro comulgó con sus seguidores más fieles con 'Detrás de tí', otro de los temas centrales de su primer trabajo discográfico 'Aranceles'.
Era la de ayer una noche de sorpresas y de novedades, de la mano de los nuevos trabajos del grupo. Y uno de ellos llegó con 'Memoria de los prófugos', un tema nacido de la colaboración de Jesús con su hermano Pepe Marín en un cortometraje en el que soñaron la memoria de su abuelo, exiliado de la Guerra Civil. Una historia personal que brota del intimismo y que Óscar Bergillos, auténtico cerebro del grupo, ha versionado hasta sumergirlo en el humo narcótico del blues. El llanto blusero de la guitarra del barcelonés fue in crescendo haciendo romper el ritmo de Andrés Tomás en la batería en una descarga memorable que sacudió al público de sus asientos.
Y es que, llegados a este punto, fieles seguidores del grupo y público nuevo coincidían ya en estar ante un ramillete de los mejores músicos de la zona. Andrés Tomás, escudero en la maquinaria rítmica de artistas de la talla de Vanessa Martín o José Mercé; Chete Cavas, referente de innumerable bandas locales desde aquella recordada 'Salvemos al Panda'; y Óscar Bergillos, arreglista y cerebro musical exquisito, alma máter de proyectos como Meirins o Liona & Serena Strings.
Y cerrando el círculo sobre el escenario, una incorporación de lujo con el teclado en la figura de Chico Valdivia, un todoterreno de la música y la producción, cuyo trabajo ha llevado a los Grammy a artistas como Diana Navarro o India Martínez. El histórico músico algecireño brilló también durante toda la noche, como en el envolvente reggae de 'Aranceles', en el que iba alternando guitarra y teclado con un dinamismo y una versatilidad pasmosos.
A la fiesta se sumó la trompeta de Joaquín Arroyo en 'La noche sabe tan amarga'. Un tema muy rítmico del primer disco de la banda, al que el pulmón del instrumentista algecireño le arrojó un cuerpo brillante y un acento preciosista en las notas. Un momento de subidón en el que se notaba que el grupo se encontraba cada vez más a gusto sobre las tablas de la Politécnica.
Aquí abrió Jesús Marín un paréntesis para abrir la herida de una de sus composiciones más hondas. Para ello, se quedó a solas con Chico Valdvia para entonar el "quizás" de 'Claudia'. Un tema de una emotividad que sobrecoge al espectador. El diálogo de Marín y Valdivia, voz y piano, fue un auténtico ejercicio de belleza, donde ambos pusieron en lo más alto de la noche el sentimiento hecho música. Una vez más, Jesús Marín demostró que estamos indiscutiblemente ante una de las mejores voces de Algeciras. Y también demostró que, cuando está a gusto, es capaz de rebuscarse y dolerse hasta emocionar.
Y de diálogo musical continuó la noche, con una nueva aparición de Carmen Vicario, en un dueto en 'Paraíso roto' cargado de sensibilidad y de mensaje. Para ello, la banda se hizo acompañar de otro de los hitos de la noche: el prodigioso violín de María de Grandy, otra de esas joyas que guarda el talento algecireño.
En 'Voyeur', nuevamente el ritmo y la sintonía y la complicidad de la banda, en un tema en el que sobresalió el armazón sonoro del bajo de Chete Cavas, que se entregó durante todo el concierto, haciendo también los coros de la mayoría de los temas.
Entre las novedades del concierto, el grupo presentó 'Árbol', un tema luminoso escrito y compuesto por Andrés Tomás en el que la voz de Jesús Marín navegó por otros sonidos a sus habituales. Y continuando con los estrenos, interpretaron 'No sin avisar'. Trabajos en los que evoluciona el sonido del pop rock melódico de esta banda algecireña, cada vez más consolidada en su identidad y en su marca. Una marca que se mantiene incluso cuando navega en otros aires, como en la bossa nova de 'El espejismo de tu piel', que transmite toda su sonrisa y su buen rollo con esa frescura tan propia que les caracteriza.
Y para cerrar el concierto, los siete músicos sobre el escenario para interpretar 'Misión suicida', el tema sobre el que pivota su segundo trabajo discográfico y el concierto de anoche. Los siete ya entregados en una catarsis, en una emocionante comunión musical, en la que todos fueron dejando dardos instrumentales, y donde se desató el violín de María de Grandy. La joven virtuosa de San Isidro, cuyas composiciones triunfan en escenarios como el Centro de Arte Contemporáneo de Praga, se unió a la fiesta, descargando el sonido de su violín como una descarga eléctrica sobre la atmósfera del escenario.
Una vibración en la despedida del concierto que levantó al público de sus asientos. Quizás una de las ausencias de la noche, la del habitual baile del público fiel a la banda, que no quiso faltar a la fiesta, y que terminó convirtiendo el patio de butacas de la sede universitaria en una sala de conciertos. En el bis, 'Insomnio en tus caderas' puso el broche a la noche ya con el público en pie.
Un lujo de noche, promovida por Aldo y Alejandro Silva y la gente del Club Baloncesto Algeciras, en la que también estuvo presente el homenaje a Miguel Ángel Reyes, bajista habitual del grupo.
Una noche memorable. Una de esas noches que, todavía hoy, sigue dejando el regusto de la música hecha de verdad, con alma, con cariño y con mucha, mucha calidad. La de un Jesús Marín que se come el escenario, donde se agiganta su voz poderosa, capaz de llegar honda y firme a los tonos, pero también de quebrarse cuando la emoción lo pide. Y también la de un compositor que esconde detrás de su cuarto y sus papeles la brillantez de un músico. Y también la calidad de sus meirins, cada vez más, cada vez más prodigiosos y cada vez más cohesionados.
Un concierto que dejó flotando una emoción serena que siguió vibrando hasta altas horas en la noche algecireña.