Madrevieja. Un milagro de la naturaleza obrado por el hombre
Lo orígenes
Todo nace en el año 2008. Entonces, dos técnicos de Cepsa encargaron a un grupo de investigadores la creación de un proyecto de biodiversidad en torno a la refinería que llegara a ser emblemático para la comarca. Un equipo de biológicos y científicos de distintas disciplinas se pusieron entonces manos a la obra, observando el cordón que rodeaba a la finca de la refinería.
David Barros, responsable de la estación ambiental Madrevieja e impulsor del proyecto original, narra cómo el equipo se centró en una de las peores zonas que ofrecía dicho cordón. "Nuestra idea era coger un sitio con mucho impacto antrópico y ver cómo reaccionaba la naturaleza". Por eso, eligieron un espacio que contaba con el impacto de un tendido eléctrico, la carretera, el casco urbano, una depuradora, un punto limpio y un local de chatarra.
"La conservación ha estado siempre centrada en sitios que eran buenos para conservarlos, pero el reto era un sitio que ya lo dabas por perdido, porque estaba lleno de basura, la ubicación era mala… nadie se fijaba en ello. Ni siquiera los movimientos conservacionistas. De ahí parte la idea", explica Barros.
El proyecto se centra entonces en dos grandes líneas de actuación. Una de ellas era el ámbito de los humedales. "Se habían perdido todos los humedales de agua dulce que había en el Campo de Gibraltar. Lo único que ha quedado como humedal es la desembocadura del Guadiaro y Los Lances, pero son humedales con salinidad. Recuperar un humedal de agua dulce pura era uno de los objetivos", explica.
La otra línea era la mejora de las masas boscosas de la zona, con especial protagonismo de los acebuchales. "Es el gran olvidado. En cualquier libro que veas de los bosques de Andalucía, nunca sale el acebuchal, y se puede decir que es el bosque que es nuestra casa. Hemos domesticado el acebuche a olivo, que es un acebuche injertado. Y todos los campos de aquí a Jerez, eran acebuchales", explica David Barros.
El equipo de biólogos y naturalistas estuvo observando un tiempo el espacio elegido. "En las fotos aéreas veíamos que no había lagunas, pero se encharcaba un poco. Y justo ahí hicimos las lagunas, porque sabemos que es más impermeable esa zona. Varía entre una hectárea y media y tres, según la época lluviosa o no. Aparte de eso, empezamos a trabajar en la repoblación en algunas zonas con la colocación de cajas nido".
"Lo que hicimos fue coger tierra para excavar y creamos una especie de bañera. Conseguimos que todo el agua de escorrentía que pasa por la finca fuera a la laguna sur", explica el biólogo. Sólo faltaba darle un nombre al nuevo espacio, por el que discurre el arroyo de la Madre Vieja.
Primeros resultados
El resultado de aquel proyecto pionero fue la creación de un humedal. "Es artificial, aunque no lo parece, porque los medios acuáticos con muy agradecidos desde ese puntos de vista. Un bosque, hasta que lo ves como bosque, tarda muchos años. Una zona húmeda, en el quinto o sexto año, ya está bastante integrado. Para un profano, es un humedal, aunque es un humedal que todavía no está maduro, porque le falta temas de vegetación".
En sus primeros años, el crecimiento de aquel nuevo espacio natural pronto empezó a sorprender a sus propios impulsores. "Era como un experimento que pensábamos que iba a tardar mucho más tiempo. No teníamos idea de que la naturaleza iba a responder tan rápido".
Poco a poco, el crecimiento de aquel nuevo entorno natural de la Madrevieja iría ganando en biodiversidad, con la presencie cada vez de más especies animales y vegetales. "Desde 2008 hasta la actualidad, cada quince días, hacemos un muestreo de avifauna. Siempre el mismo y se van anotando las especies y el número de individuos".
"Partimos de unas cincuenta especies y ya van 151", apunta.
Consolidación
Actualmente, la estación ambiental de la Madrevieja se ha terminado convirtiendo en un extraordinario paraje donde se reproducen la amplia mayoría de especies naturales presentes en el entorno de la provincia.
"Hemos ido viendo cómo colonizan las especies. En el tema de anfibios, tenemos el 90% de las que hay en Cádiz, a falta sólo de la salamandra, que tarde o temprano llegará. En el tema de mamíferos, el grupo de los carnívoros, están todos los de Cádiz que pueden estar. Faltan el gato montés, que casi se da por extinguido en Cádiz, y el hurón, que está muy localizado. El resto están todos: la nutria, el tejón, la gineta, la comadreja…"
David Barros no oculta la fascinación que esta rápido población ha producido entre los investigadores. "Es increíble, cómo, si les das un espacio, llegan. La nutria, por ejemplo, entraba de noche a comer en las lagunas y por la mañana salía. Pero hubo un momento que se invirtió, salía por las tardes noches y volvía a entrar por la mañana. Y es la que ha criado al final. Es muy importante el hecho de que unas lagunas que no existían hayan pasado a formar parte de un territorio de una hembra".
"Hemos seguido con otros grupos, como reptiles, y el último con el que empezamos es el de las mariposas nocturnas. La especie más importante de la estación ambiental es una polilla, que es una especie catalogada y de interés europea, que es la proserpina. Ya han venido dos veces del Ministerio, porque están haciendo muestreos a nivel nacional de dónde hay poblaciones. Y estamos seguros de que es por nuestra actuación, porque la planta nutricia sale por las orillas del agua, y el hecho de hacer las lagunas es lo que ha hecho que haya una pequeña población allí", nos cuenta.
El grupo más abundante es el de los lepidópteros, más que las plantas, con más de 300 especies. "Son unos indicadores muy buenos de la calidad, porque reaccionan muy rápido. Si tienen una agresión, bajan las poblaciones, y si hay tranquilidad, suben exponencialmente".
El trabajo en Madrevieja no termina, y el equipo de la estación ambiental ya trabaja en dos proyectos que se salen de la estación: el de las lechuzas, de las que ya han soltado 65; y el del galápago europeo, que cría en semicautividad.
Convivir con la naturaleza
David Barros reflexiona sobre el alcance que ha producido la mano del hombre en este extraordinario paraje. Hace tan sólo unos años, la naturaleza nos enseñó de lo que es capaz en ausencia del hombre, cuando el confinamiento por la pandemia hizo que multitud de especies salieran al exterior ante la ausencia del gran depredador humano.
Aquí, sin embargo, el fenómeno es a la inversa, y es la mano humana la que precisamente ha ido moldeando la creación de vida en un paraje yermo.
"Los mayores estamos todavía con la época de Félix (Rodríguez de la Fuente), en la que el mensaje era que no se conservaba. Y la juventud actual está ya muy concienciada toda su vida de que hay que respetar el entorno. Ahora, dónde vemos que hay que dar un paso más es en convivir con la naturaleza".
"Lo que intentamos es que eso se pueda replicar y que no haga falta ir a Doñana", concluye.