Si recrear la música de Paco de Lucía ya es, de por sí, una tarea intrincada, conseguir reproducir su brillo, su presencia y su alma sobre el escenario parece algo inaccesible. Sin embargo, Antonio Sánchez, sin alardes, con la misma sencillez sobre las tablas de su recordado tío, ocupó anoche el escenario del parque María Cristina con una maestría sorprendente.
Por rumbas, con el aire a jazz latino de 'Chanela', abrió la noche junto a José del Tomate y el cajón de Poti Trujillo. Le siguió su joven escudero, que tomó voz propia para recrear el 'Two Much' que su padre popularizó junto a Michel Camilo. Y después, Antonio Sánchez, a solas con el cajón y un frenético compás por bulerías. Virtuoso, poderoso sobre el escenario, limpio en el toque. El joven guitarrista, al que Paco de Lucía descubrió en una celebración familiar, demostró una fascinante capacidad para tomar el relevo y hacer posible la recreación sobre el escenario de la música del genio. Estuvo sencillamente inconmensurable.
Tras su derroche por bulerías llegó el turno del cante, de la mano de un David de Jacoba sobrado de facultades, que arrancó por tangos para continuar con unas melódicas alegrías en las que dio paso a la entrada en la noche del Farru. Su velocidad y energía en el baile deja siempre un efecto hipnótico, que él supo conducir a la ovación rompiendo por bulerías, que terminó dedicando al cielo.
El espectáculo mantuvo su altura durante toda la noche, y siguió recreando el mítico Ziryab, en el que ya todos los músicos se fusionaron para regalar otro momentazo a un público que llenó el patio de butacas y los bancos del parque María Cristina. La romántica Canción de Amor de Paco dio paso nuevamente al toque, el cante y el baile por bulerías. Los más jóvenes acompañantes del sexteto, el relevo generacional, volvió a dar testimonio de la herencia de su legado inmortal.
El fin de fiesta, como acostumbraba el maestro algecireño, llegó por rumbas en otra genial recreación de su inolvidable Entre dos Aguas. Una noche cumbre del Encuentro, que volvió a dar vida durante dos horas a la música de Paco, y que terminó con una interminable ovación y con manos al cielo.
Y una noche en la que Antonio Sánchez, ya conocido por varias apariciones ante el público algecireño, se consolidó como un colosal depositario del alma de uno de los mayores músicos de la historia de España. Un aura que hacía sonar en el espíritu de la afición el viejo grito del maestro: "Antonio, ¡al ataque!"