Que un acto cultural llene hasta la bandera el salón de actos de la Universidad es una noticia extraordinaria. Pero una noticia que también habla de la dimensión humana y artística del convocante al acto. El artista algecireño Ismael Pinteño, probablemente el artista de mayor envergadura con el que contemos en el Campo de Gibraltar, asistía a la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Algeciras para presentar su último trabajo, un libro ilustrado de los textos de Edgar Allan Poe La caída de la casa Usher y La verdad sobre el caso del señor Valdemar.
Un libro que supone un momento cumbre en la trayectoria artística de Ismael Pinteño, que logra colocarse en el pódium de las plumas escogidas por la mítica editorial Minotauro.
El maestro de ceremonias del acto, con la directora de la escuela, Paloma Cubillas, como anfitriona, fue el director del festival Algeciras Fantástika, Ángel Gómez, gran conocer de la literatura y el arte fantásticos del siglo XIX, quien desde hace años cuenta además con Pinteño como uno de los arietes del festival algecireño.
Durante el acto, ambos, en un diálogo amistoso, fueron desentrañando el espíritu de las obras de Poe y de la literatura y el arte romántico, gótico y fantástico de una época, la del autor de Boston, fascinante para las letras.
Junto a la contextualización de lujo que supuso este diálogo, Pinteño fue desgranando las claves tanto de su trayectoria artística como del extraordinario trabajo que le ha llevado a esta obra impresa. Un trabajo en el que se ha zambullido en el universo de Poe, para extraer las claves de su mente atormentada, de sus escenarios terribles, de sus historias espeluznantes. Y espeluznante es el trabajo de ilustración resultante, en el que cada fragmento en texto de la obra original de Poe va acompañado de una ilustración en la que se plasma todo ese mundo sin palabras, pero con una fuerza de transmisión tan asombrosa como magnética para el lector.
Un trabajo en el que Pinteño pone sobre la mesa todos sus argumentos para convertirse en uno de los pinceles nacionales más indiscutibles de la primera mitad del siglo XXI. Su ciudad natal, por lo pronto, aupó con orgullo su genialidad, mientras los corrillos del numeroso público asistente se preguntaba cómo es posible que aún no tenga ese púlpito más allá de nuestras fronteras.
Será, a buen seguro, cuestión de tiempo. De poco tiempo.
El objetivo siempre certero de Tomoyuki Hotta estuvo allí para inmortalizarlo.