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Ceuta y Melilla, una apertura de fronteras a medio gas con incógnitas

Ceuta y Melilla, una apertura de fronteras a medio gas con incógnitas
Los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla abrirán este mes, pero solo para residentes en la Unión Europea, visados Schengen y alrededor de 200 trabajadores marroquíes transfronterizos. Quedan aún incógnitas que afectan a centenares de miles de marroquíes de las regiones de Tetuán y Nador con exención de visado y a alrededor de 8.400 transfronterizos sin contratos en vigor.
Hasta ahora solo el Ministerio del Interior español ha informado de las condiciones de la apertura "gradual" de esos pasos, cerrados desde hace dos años y dos meses por la pandemia y la crisis entre España y Marruecos.

Por parte de Marruecos no ha habido ninguna comunicación oficial sobre cuándo ni cómo se hará y, según una fuente de las autoridades marroquíes consultada por Efe, aún hay varios asuntos a cerrar en las conversaciones que están manteniendo ambos países.

La información dada hasta ahora por el Gobierno español es que en la medianoche del lunes al martes se abrirán los pasos del Tarajal de Ceuta y de Beni Enzar de Melilla para dejar pasar, en una primera fase, a "los ciudadanos y residentes en la Unión Europea y aquellas personas autorizadas a circular en el espacio Schengen".

La reapertura será en una fecha simbólica: el aniversario de la entrada masiva en Ceuta de entre 8.000 y 10.000 migrantes los días 17 y 18 de mayo ante la pasividad de Marruecos, que estaba en plena crisis con España por la acogida del líder del Frente Polisario, Brahim Gali. Una crisis que acabó el pasado marzo, con el giro de España respecto al Sahara Occidental apoyando una autonomía marroquí para este territorio.

En una segunda fase, que Interior fija el 31 de mayo, añade a estas categorías la de "los trabajadores transfronterizos legalmente reconocidos". Se trata de marroquíes que, antes del cierre, entraban y salían cada día en Ceuta y Melilla para trabajar en diversas profesiones, en muchos casos empleadas del hogar, y que todavía tienen sus contratos españoles en vigor.

Antes de la clausura, estos transfronterizos eran alrededor de 8.400 (3.600 en Ceuta y 5.000 en Melilla), calcula el sindicato Unión Marroquí del Trabajo (UMT), pero solo 200 de ellos, según el Ministerio del Interior español, tienen sus contratos españoles vigentes. Estos dos centenares de personas son las que sí podrán pasar a partir del próximo 31 de mayo.

Desde ahora hasta ese día, según fuentes de los dos países, las autoridades españolas y marroquíes están trabajando para regularizar la situación de otros que no tienen contrato, preguntando a sus antiguos empleadores si siguen dispuestos a contratarles, por lo que esta cifra podría aumentar.

Marruecos quiere, según la fuente del país magrebí, que se establezca un censo de estos transfronterizos, se regulen sus derechos y deberes y baraja pedir a España que les de la residencia española.

Algunos de esos transfronterizos, que gozan de un estatus especial a la hora de entrar y salir en Ceuta y Melilla, tienen cuentas bancarias en esas ciudades, contratados allí sus seguros y van allí al médico.

Estos trabajadores cobran sueldos más altos que los que ganarían en Marruecos por el mismo trabajo, lo que crea paradojas como que una empleada del hogar ingrese cada mes más dinero que una profesora.

Otra gran incógnita afecta a la excepción de visado que tienen los marroquíes residentes en las regiones de Nador y Tetuán, cercanas a las dos ciudades autónomas. Estas personas podían ir y volver en el día a Ceuta y Melilla, pero ahora queda en el aire su condición.

En la mesa de negociación está la posibilidad de quitarles o regular esta excepción de visado, lo que ayudaría a luchar contra un fenómeno que ambos países quieren erradicar: el contrabando.

Marruecos ya comenzó a limitarlo en 2018, cuando cerró unilateralmente la aduana de Melilla, y un año después lo hizo de facto en Ceuta, no dejando circular a las personas -muchas mujeres, conocidas como porteadoras- que iban y venían cada día a la ciudad y se llevaban a Marruecos mercancías cargadas a las espaldas.

Estas personas eran precisamente los residentes en esas dos regiones, que a fecha de 2014 (el último año con censo oficial) eran 1,3 millones de habitantes, aunque en los últimos años las autoridades marroquíes han limitado mucho la concesión de tarjetas de residencia en esas zonas para evitar el fraude. A día de hoy no hay cifras de a cuántas personas afecta la excepción de visado.

La tercera incógnita es si en Ceuta se abrirá una aduana comercial, como la que ya había en Melilla, lo que posibilitaría controlar el comercio y luchar contra el contrabando. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, lo dio por hecho esta semana en Marrakech cuando habló de la apertura de "aduanas" en plural, pero no hay aún ninguna comunicación oficial al respecto. 

Ceuta y Melilla, una apertura de fronteras a medio gas con incógnitas