Opinión

El mediador

El mediador

El tiempo dirá si Víctor de Aldama es un nuevo Pequeño Nicolás que inventa una realidad paralela en la que solo habita él o si lo que cuenta sucedió con los pelos y señales que dice su entorno que en breve irá aportando.

Sabido es que en el ámbito judicial a un investigado no se le exige la verdad, pero también lo es que mentir en sede judicial puede tener sus consecuencias, y ya el Gobierno anunció la inmediata adopción de esas medidas.

Dicho lo anterior, lo innegable es que Víctor de Aldama existe, que se reunía con el todopoderoso asesor del también todopoderoso en su día ministro y secretario de Organización del Partido Socialista, que lo colaron en primera fila en actos de esa formación política y que alguien le facilitó hacerse una foto con Pedro Sánchez. Luego, si damos por bueno lo que se va sabiendo de las investigaciones judiciales que le afectan (la del caso Koldo y la del presunto fraude millonario con la venta de hidrocarburos), Víctor de Aldama era como el perejil: estaba en todas las salsas. Lo mismo participó en negocios de suministro sanitario en plena pandemia que en otros que tenían que venir con el régimen casi dictatorial venezolano, además de su querencia por el fútbol y los negocios anejos al balompié.

Las comparaciones son siempre odiosas pero, para que nos entendamos, Víctor de Aldama era algo así como el Mediador . Comía con este y con aquel, tenía los teléfonos de casi todos, entraba por aquí y por allí, repartía (presuntamente) algún dinero, hacía favores, facilitaba negocios a terceros y, por lo que dijo en sede judicial, mantiene intacta la memoria. Ahora habrá que ver si, además de su relato verbal, tiene pruebas. Solo con su inventario de mensajes de móvil nos podemos entretener durante semanas y se le puede hacer muy largo el invierno al Gobierno de Pedro Sánchez, por más que el presidente diga que todo lo contado hasta la fecha es una «inventada».

A expensas de ver cómo termina la instrucción judicial, alguien tiene que explicar cómo llegaron allí, cómo fueron todo facilidades, cómo acceder a contactos ministeriales fue tan sencillo e incluso cómo posar con Pedro Sánchez era posible para alguien que no tenía cargo público ni orgánico. Esas preguntas deben tener respuesta ya y las derivaciones judiciales nos dirán en algún momento si también hay responsabilidades por las que pagar ante el banquillo.