Con la cosa esta de la política a veces protagonizamos considerables discusiones y cosas peores, como si nos fuera en ello la vida, que puede que sí, pero no suele ser la norma. El panorama es feo, horrible, no nos suelen decir las causas reales y profundas porque nosotros estamos para sentir, no para pensar, eso ya se tenía claro por el poder desde toda la vida: pan y circo; tú haces las leyes que ya haré yo su desarrollo; hecha la ley, hecha la trampa. Son máximas de andar por casa pero con mucho recorrido.
Una sociedad sin lectores ni escritores está amenazada a perder su libertad y su criterio. Escribir no es una actividad segura, ni siquiera se puede decir que sea una profesión. Para muchos es una habilidad y, para otros, un hobby, pero lo cierto es que, como todas aquellas cosas que se exigen para el perfeccionamiento personal, puede considerarse como algo accesorio, como un complemento que adorne las facultades individuales. También en el marxismo ocurre lo mismo, y esa actividad es denostada a menos que se ponga al servicio de la ideología revolucionaria.
El covid otra vez, peligrosas guerras internacionales, desmembración de España, he aquí tres factores que están presentes en nuestras vidas. Quien me esté leyendo no me podrá decir que soy un catastrofista, porque hay que llamar a las cosas por su nombre en lugar de salir por peteneras que eso sí es triste.
Es compatible. Defender la sanidad pública y utilizar la privada es, perfectamente, compatible. Pedro Almodóvar se manifiesta pidiendo una sanidad pública de calidad porque sabe que las diferencias entre los estratos sociales se han hecho más grandes y que los más vulnerables no tienen acceso a la sanidad privada. La única forma de lograr un bienestar aceptable para los más pobres es defender lo público con uñas y dientes.
Después de una pandemia en la que han fallecido en las residencias miles de personas mayores, no hemos aprendido nada, seguimos igual o peor. Esta semana me quedo absolutamente petrificado con la noticia que acabo de leer en una prensa que sigo como es la canaria.
Cuando yo era joven, las abuelas se sentaban en su sillón de mimbre o su mecedora, y desde ese puesto de mando iban recopilando toda la información de la familia. No salían, pero lo sabían todo, opinaban sobre los asuntos y hasta tomaban decisiones que nadie osaba contravenir. Eran la materialización de la Mamá Grande de los relatos de García Márquez, no se movían de su sitio pero vivían todas las vidas de su familia y más allá.
España es un país cainita. Estos días hay algo de polémica porque el Ayuntamiento de Sevilla, que le puso el nombre de la escritora madrileña Almudena Grandes a un premio de narrativa social, se lo quitaron después. Es lamentable lo que hicieron con esta escritora por sus ideas políticas.
¿Se puede saber qué hacemos en este mundo los mayores de sesenta? ¿Para qué servimos?. En teoría para mucho, en la práctica para coger el Covid y lo que sea, para gastar dinero público en hospitales, medicinas y pensiones, para que nos hagan un ERE por viejos, para ser taxistas de nuestros nietos, y algunos, de sus hijos porque en estos tiempos se es padre o madre muy tarde.
Una parte de nuestros jóvenes está cruzando la línea roja(Hasta 25.000 en Madrid y Barcelona en un fin de semana cualquiera) que separa lo que es la pura diversión con la golfería y el atentado contra los bienes que son de todos mediante lo que ya son desórdenes públicos. ¿Por qué lo hacen? ¿ porque les da la gana?, ¿ porque están hartos de esta sociedad que no nos proporciona un futuro decente?, ¿ porque quieren ser libres?.
Se ha celebrado el Día E, la fiesta de los más de 500 millones de personas que hablan español en los cinco continentes, y que desde hace tres años impulsa el Instituto Cervantes en sus 78 centros de todo el mundo.
Hay cifras que estremecen el cuerpo, sobre todo cuando te enteras que el cuarenta por ciento de los españoles no leen. No voy a decir que me he sorprendido pero si diré que es un auténtico escándalo.
Lo que está claro es que el cambio climático ha llegado para quedarse. Por mucho que no nos guste. Salvo que, de una vez por todas, se lleven a cabo las medidas drásticas, a nivel mundial, que impidan que el planeta se vaya a hacer puñetas. Pero eso, a día de hoy, es una utopía.
Hace poco más de un siglo, Andalucía no existía oficialmente. Las voces de Andalucía y los andaluces, sólo existían en el lenguaje de la calle y en algunas referencias literarias. Y nuestra historia está llena de tópicos y de mitos. Ha sido , como se dice ahora , intoxicada . Para nosotros da lo mismo que esa mitología haya sido llevada a cabo de forma consciente ó de manera totalmente inconsciente.
Ajú, vaya semanita. Yo me pregunto por qué insistimos tanto en hablar de cualquier cosa como si fuésemos expertos en todo, como si nuestra voz pudiera tener alguna importancia o aportase algo a alguien. En realidad, lo único que conseguimos es crear problemas.
Parece más bien un título turístico como de una visita guiada a la ciudad donde se nos da una vuelta completa a la misma. Pero no , no tiene nada que ver con eso sino que significa la experiencia de utilizar un autobús de la línea tres que es la que yo utilizo pero me imagino que ocurrirá algo parecido con el resto de las líneas, sobre todo si tienen que atravesar el centro de la ciudad por la Avenida Blas Infante (Parque María Cristina).
Esta Semana, el tema del Conservatorio Profesional “Paco de Lucía” ha vuelto a estar de actualidad al producirse el enfrentamiento entre Junta y Ayuntamiento por la documentación sobre la cesión de los terrenos de los cuarteles de Fuente Nueva que según la Junta faltan documentos y que según el Ayuntamiento , la documentación se envió ya hace un año.
Hablamos mucho y conversamos poco, porque la gente llama diálogo a cualquier cosa; a los charlataneos de las tertulias, a los insultos que se dicen unos hinchas contra otros, a las polémicas de vinagre, al cruce de frivolidades.
Si en el mundo hay algo realmente difícil y que, sin embargo, nos sentimos preparados, es en el arte de criticar. Arte endiabladamente complejo y que se convierte en injusticia el noventa y nueve por ciento de las veces que lo usamos y en el que nos embarcamos casi a diario con total frivolidad.
Durante el tiempo que estuve dedicado a la política me perdí una de las partes más maravillosas de la vida: ver el crecimiento de mis hijos. Eran pequeños y un buen día me encontré con el chico que me decía que se casaba y la chica que ya vivía fuera de la ciudad.
Pasa la vida ¿No se ha preguntado usted al cumplir los 40, 50, 60, o los 65...,o , incluso, esos setenta que cumplo esta misma semana, cómo es posible que todo haya transcurrido tan deprisa?