El perdón de España
Esta tendencia de los perdones colectivos, sobre todo por hechos de hace siglos, no termino de entenderla. Que tire la primera piedra el pueblo que esté libre de culpas. Nos la pasaríamos pidiéndonos perdón los unos a los otros.
Dicho esto de partida, y ajustándonos a la inercia que nos marca la actualidad, comparto la reacción de las autoridades españolas de no acceder a la exigencia de México de que España pida disculpas por las atrocidades que se cometieron en su nombre, por acción o por omisión, en el territorio que ahora ocupa este país americano.
Y no lo comparto no porque piense que haya o no haya motivos para pedir perdón. Al margen de que las acciones hay que enmarcarlas siempre en su debido contexto histórico, hay barbaridades injustificables, sea la época que sea. A mi juicio, la clave está aquí en quién lo exige y por qué.
Lo que si puedo decir es que España puso en marcha en esa época un total de cuarenta y dos universidades en México de las que hoy día, todavía siguen funcionando perfectamente doce de ellas ¿Perdón?
No nos engañemos. Ni al promotor inicial, López Obrador, ni a la flamante presidenta, Claudia Sheinbaum, les anima una voluntad de encuentro con España, o de cierre de heridas, o de reparación, como lo quieran llamar.
Si buscaban eso, no lo habrían escenificado así, de esa manera, con exigencias públicas, un bastante altisonantes y, sobre todo, desafiantes e incomprensibles. Las cosas en diplomacia se cocinan de otra manera totalmente distinta, porque se pactan primero en la trastienda y, luego, se hace pública la discrepancia pero de otra manera. Y, sobre todo, viniendo de un país como México que tiene el triste récord de asesinatos diarios de todo el mundo.
Y, por supuesto, no es baladí que Morena (Movimiento de Regeneración Nacional(, partido fundado López Obrador , sea un partido de izquierdas y republicano. Como tampoco es casual que el foco de sus dardos sea el rey, a sabiendas de que quien decide en esta España de hoy, no como en la conquista, no es el monarca, sino el Gobierno de turno.
Ni tampoco es cosa del azar que los que amplifican su voz en España sean los medios y voceros de izquierdas. Huele de lejos a política partidista.
Se habrán cometido errores pero , sobre todo, se les ha formado y se les ha dado la educación que, desgraciadamente, hoy han perdido.